“¿Qué tramáis, morenos?”

Publicado en Expansión

Clint Eastwood se enfrentaba así a un grupo de delincuentes en una escena de Gran Torino y la frase sirve para preguntarse qué trama el lado oscuro que controla el Congreso. Es moneda corriente presentar a un Sánchez meramente oportunista, rehén del extremismo de Iglesias y obligado a depender de separatistas y filoterroristas. “¿Hasta cuándo los incautos amaréis vuestra ingenuidad?”, escribió el rey sabio hace 3.000 años (Prov. 1, 22). Porque la evidencia apunta a que Sánchez, que nunca ha corregido o matizado los subversivos ataques institucionales de su socio, es un “radical de izquierdas” (Rubalcaba dixit) que comparte una agenda de cambio de régimen con sus socios naturales: leninistas, separatistas de extrema izquierda y filoterroristas. Esta melé comunista tiene casi 60 escaños, que sumados a los 120 del radical Sánchez alcanzan mayoría absoluta. Por lo tanto, no estamos sólo ante una simbiosis mutualista, esto es, ante una “asociación de individuos de diferentes especies en la que los simbiontes sacan provecho de la vida en común”, sino ante una duradera alianza tejida por el fuerte hilo de la ideología, del resentimiento y del enemigo común. La situación es muy delicada, pues el bestial engaño de Sánchez a sus votantes ha hecho posible algo que no contemplaba nuestra zaherida Constitución, esto es, que el Congreso cayera en manos de partidos subversivos y el gobierno en manos de quienes exhiben comportamientos psicopáticos.

Esta alianza subversiva se apoya sobre tres pilares. El primero son los filoterroristas de Bildu, que, en sus propias palabras, buscan “una ruptura democrática y una república propia”, “tumbar el régimen”, y ofrecen a Sánchez-Iglesias su ayuda para constituir una república española a cambio de la independencia del País Vasco. No está de más recordar que ETA asesinó con especial sadismo a 900 hombres, mujeres y niños en nombre del nacionalismo vasco marxista, epíteto éste último que suele olvidarse. Ahora, el mismo gobierno que quiere imponer una Memoria Histórica para mantener vivo su Himalaya de falsedades sobre lo acontecido hace casi un siglo, quiere que olvidemos la verdad de lo acaecido hace sólo unos pocos años, o sea, que recordemos “su” Guerra Civil y olvidemos los asesinatos de ETA para poder abrazarse a sus herederos. Por ello legitima a Bildu a bombo y platillo (con toda intención) blanqueando y almidonando unos ropajes ensangrentados.

El segundo pilar es ERC, separatistas catalanes de extrema izquierda e impulsores de la sedición golpista del 2017. De nuevo, la tercera letra del acrónimo distrae de su carácter de izquierda radical y republicana, o sea, contraria al artículo 1.3 de la Constitución. Así, ERC será siempre socio preferente para el cambio de régimen por encima del nacionalismo burgués de CiU, que se pretende sea sustituido como fuerza hegemónica en Cataluña por un nacionalismo revolucionario y de extrema izquierda.

El tercer pilar es la hidra de dos cabezas Sánchez-Iglesias, creadora de la pantomima poli bueno-poli malo con la que alimentan la imaginación de algunos periodistas y de quienes rondan el poder demasiado cerca como para tener perspectiva. Sánchez afirmó querer “construir el nuevo PSOE”, para lo que ha parasitado al antiguo hasta su muerte. Aunque Sánchez, algunos miembros de su gobierno y el PSOE sean entes distintos y no siempre coincidentes, el que manda es el primero. Por eso creo que yerra la vieja guardia socialista al aferrarse a la esperanza de recuperar su antiguo partido, ya cadáver, en vez de centrar sus esfuerzos en crear un ilusionante Nuevo Partido Socialdemócrata que atraiga a esos votantes inerciales que, por ahora, ignoran que están votando una falsificación.

La otra cabeza de la hidra es Iglesias y su partido (casi una empresa familiar), con sus menguantes 35 escaños, quien como buen leninista se alía con todos los elementos subversivos que encuentre a mano para alcanzar el poder totalitario que ambiciona según confesó con seguridad pavorosa al anunciar a la oposición en el Congreso que ésta jamás volvería a sentarse en el Consejo de Ministros.

Esta alianza juega al despiste y avanza furtivamente ocultando sus verdaderas intenciones con maniobras de distracción que cloroformicen a la opinión pública (y a la UE) y dificulten la reacción. La existencia de unos pocos ministros respetables en un gobierno (absolutamente prescindibles para el líder cuando hayan cumplido su papel de tapadera) no significa nada, como repetidamente muestra la historia. Al alcanzar el poder, Hitler mantuvo al Ministro de Exteriores del gobierno democrático precedente, el aristócrata Von Neurath, y utilizó su continuidad y respetabilidad para confundir al mundo sobre sus verdaderas intenciones. Para despistar al observador incauto Sánchez finge sentirse frustrado por no poder alcanzar acuerdos con el centro derecha y utiliza figurantes, como los legatarios de CiU, Ciudadanos y demás partidos minoritarios (arrastrados por su anhelo de candilejas y cortedad de miras). Paradójicamente, una de estas comparsas es el PNV, fundado por un odiador mesiánico que describió España como “la nación más abyecta de Europa, cuyo despedazamiento celebraría con verdadero júbilo” y campeón de la hipocresía frente al terrorismo. Sin embargo, el PNV no es marxista sino burgués, y, por lo tanto, no está invitado a la mesa. Como en Cataluña, el objetivo es que el nacionalismo supuestamente “moderado y de derechas” sea sustituido por otro, revolucionario y de izquierdas. Así, el protagonismo que Sánchez-Iglesias regalan a ERC y a Bildu no es casual sino intencionado para lograr una hegemonía de izquierda radical en Cataluña y en el País Vasco (también desearían hacerlo en Galicia) como ariete del cambio de régimen. El padre del inventado nacionalismo gallego, Castelao, nos lo explicaba con su bonita prosa gallega en Sempre en Galiza (1944): “Cataluña, Euskadi y Galicia tienen la misión de transformar la estructura jurídica de España”, pues “sólo en una España rota subsistirá una España roja”.

El reverso tenebroso sabe que la clave de la bóveda es la monarquía, convertida así en enemigo a batir. Conscientes de que nunca contarán con la mayoría suficiente para enmendar la Constitución, pretenden que quien rompa el sistema sea el propio rey, claudicando y abandonando su puesto. Lo ideal para ellos sería que perdiera el apoyo popular (de ahí la artificialmente alargada campaña de descrédito del emérito), pero como esto es extremadamente difícil dada su enorme popularidad, intentarán que crea que ha perdido dicho apoyo aunque no sea así. Por eso amagan con realizar encuestas debidamente manipuladas sobre la monarquía, no en vano Stalin enfatizaba la importancia de minar la moral del adversario con campañas de acoso y desinformación. Nuevas campañas con nuevas dianas parecen inminentes. No es munición de fogueo: la ofensiva va en serio.

La ingenuidad, la corrección política, el silencio o el buenismo no frenarán en absoluto este asalto a nuestro orden legal, a nuestra unidad y libertad. El gran Martin Luther King decía que “llega un momento en que el silencio equivale a la traición”, y Burke recordaba que “lo único necesario para que el mal triunfe es que los hombres buenos no hagan nada”. El mal tiene un plan y avanza inexorablemente por incomparecencia de una no-oposición dirigida por un no-líder mientras la única oposición real organizada (la vieja guardia socialista aún no lo está) es neutralizada con eficaces estigmatizaciones y el silenciamiento mediático. España, inerme.

 

Fernando del Pino Calvo-Sotelo

www.fpcs.es

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