Huracanes y otras mentiras del ecologismo (y del periodismo)

Publicado en Expansión

El ecologismo de hoy en día ha degenerado en una ideología tan totalitaria como el comunismo, con el que comparte no sólo adeptos, sino también el uso masivo de la mentira. La superstición interesadamente histérica que es la teoría cambio climático antrópico, ciega al método científico y a los datos, es quizá el mayor ejemplo de ello, una lamentable mezcolanza de ideología anticapitalista y maltusiana, propaganda, ambición de poder y el más siniestro paganismo que transforma a la Tierra en diosa y al hombre en un malvado virus que hay que erradicar. El cambio climático tiene poco que ver con la ciencia, y mucho con el poder y la política y con el establecimiento de un gobierno mundial que decida cuántos hijos podemos tener, qué coche podemos conducir y cuánta carne podemos comer. Cuando en 1979 el alarmismo vaticinaba una nueva Edad de Hielo por la caída de temperaturas acaecida aproximadamente desde 1940 hasta 1975 (sí, a pesar del aumento de CO2), el ecologismo de entonces vociferaba “¡enfriamiento global!” (no es broma) culpando, cómo no, a la malvada industrialización capitalista porque, según ellos, la contaminación impedía a los rayos solares calentar la Tierra. Tras el suave aumento de temperaturas de las siguientes décadas, la consigna mudó a “calentamiento global”, se olvidaron del sol y de la contaminación, que al parecer ya no era un factor importante, y descubrieron un nuevo enemigo también achacable a la industrialización: el CO2 o dióxido de carbono, gas que expulsamos cada vez que respiramos en una concentración 100 veces superior a la existente en la atmósfera y alimento por excelencia de árboles y plantas, al que sin embargo no han dudado en tildar de forma grotesca de “contaminante”. Como la temperatura del planeta dejó de aumentar desde 1999 hasta El Niño del 2014 (la conocida como “pausa”), se decidió que el “calentamiento global” metamorfoseara en el más eficaz término “cambio climático”, por el que cabría culpar al mismo del aguacero y de la sequía, del calor y del frío, del ventarrón y de la calma chicha. La última consigna es “crisis o emergencia climática”, que oirán ustedes cada vez más.

Las campañas de propaganda más recientes del “cambio climático” se han centrado en el supuesto aumento de los denominados fenómenos meteorológicos extremos, es decir, tornados, huracanes (como el actual Dorian), inundaciones o sequías. Dada la amplísima cobertura mediática mundial de estos fenómenos, la campaña está hecha: sólo hace falta entrevistar al enterado de turno al final de la noticia para que lo ligue al “cambio climático”. La eficacia de esta táctica quedó demostrada cuando Al Gore aprovechó el destructivo huracán Katrina para publicitar con total descaro su mentiroso documental Una Verdad Inconveniente[1]. Pero vayamos al fondo del asunto: ¿están aumentando los fenómenos meteorológicos extremos? La respuesta es, taxativamente, no. Tras incontables evidencias científicas que muestran que desde el año 1900 los huracanes no han aumentado ni en frecuencia ni en intensidad, el propio IPCC de la ONU (Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático) se ha visto obligado a reconocerlo: “los datos indican que no hay una tendencia significativa de la frecuencia de huracanes en el último siglo”. Por cierto, tampoco ha habido un aumento en inundaciones (“sigue sin haber evidencia respecto al signo o frecuencia de la tendencia de inundaciones a escala global”), ni tornados ni sequías (“algunas regiones han experimentado sequías más intensas o duraderas, pero en otras regiones las sequías han sido menos intensas o han durado menos”)[2]. Por lo tanto, cada vez que escuchen que estos fenómenos están aumentando y que lo hacen por culpa del cambio climático sepan que se trata de dos mentiras más del ecologismo.

Otra consigna que se repite como un mantra es la deforestación. Hace unas semanas, los medios de comunicación y el insufrible Macron hicieron una llamada de emergencia respecto a los incendios del Amazonas. “Los pulmones de nuestro planeta están ardiendo”, afirmaron con el alarmismo habitual mientras aseguraban que la región produce el 20% del oxígeno del planeta (¡nos ahogamos!). En primer lugar, este dato es falso: los bosques producen mucho oxigeno por la fotosíntesis pero también consumen mucho oxígeno, entre otras cosas, por la descomposición de hojas y árboles muertos, por lo que su aportación neta de oxígeno es irrisoria[3] (el oxígeno que respiramos procede de las reservas de la atmósfera, que tiene para millones de años, con bosques o sin ellos). Para completar la mentira, los medios omitían que los incendios en la temporada seca del Amazonas se producen cada año, que incluyen terrenos de pasto y no sólo bosque, y que este año es absolutamente normal en cuanto a número de incendios: la NASA informó a mediados de agosto que “hasta la fecha de hoy, las observaciones por satélite indican que los incendios en la cuenca del Amazonas están por debajo de la media de los últimos 15 años”. En realidad, el objetivo de la campaña mediática, que desapareció como por ensalmo cuando sus instigadores vieron que no llegaba a ninguna parte, era exclusivamente político, un intento de debilitamiento del actual Presidente de Brasil  quien, al parecer, no resulta del agrado del orden mundialista. Por ello se acordaron de los incendios justo este año (el primero del gobierno Bolsonaro), obviando los incendios más serios de años precedentes (bajo el gobierno del izquierdista Lula) y omitiendo referencia alguna a aquellos producidos este año en otros países de la cuenca del Amazonas como Bolivia. Pero más allá del Amazonas, el dato relevante y verdaderamente demoledor es que no hay desforestación en el planeta Tierra. Entiendo que crean haber leído mal, así que lo repito: la superficie de bosques en el planeta no está disminuyendo, es decir, que la deforestación es hoy un mito, otra mentira. La reforestación y el crecimiento natural de los bosques más que compensan la pérdida por tala o fuego. Un estudio publicado recientemente en la revista Nature, basado en imágenes de satélite entre 1982 y 2016, concluyó que en los últimos 35 años la superficie de bosques en el planeta había aumentado un 7%[4]. Incluso la FAO, otro adalid de la agenda ecologista-mundialista de la ONU,  ha reconocido en su último informe sobre la salud de los bosques del mundo que no hay deforestación alguna: según sus datos por satélite, en el último quinquenio la superficie de los bosques en la Tierra apenas ha variado, disminuyendo sólo un 0,08%[5] (¿no les encanta la precisión de dos decimales?). El dato no es nuevo: según la propia FAO, en los años 90 del siglo pasado la deforestación ya era casi inexistente. Los bosques, por cierto, se han beneficiado del aumento del CO2 en la atmósfera, verdadera fuente de vida que acelera el crecimiento de árboles y plantas (incluyendo los cereales de los que nos alimentamos).

Por lo tanto, los datos indican que ni los huracanes ni las sequías son más frecuentes ni existe deforestación en el planeta desde hace décadas. Pues bien, ¿han leído alguna vez esto en algún medio? Resulta inevitable denunciar que el ecologismo no podría transmitir sus cansinas historias de terror apocalíptico y su huracán de falsedades (categoría 5, como Dorian) sin la complicidad del periodismo. Desconozco si el motivo es la ignorancia o el adoctrinamiento izquierdista del gremio, la falta de rigor o la esclavitud de la inmediatez, pero el hecho es que una profesión que nació como una preciosa vocación de defensa de la libertad y de la verdad está hoy contaminada por la mentira, la frivolidad y el afán de poder de unos pocos (con las consabidas, pocas, excepciones). Querido lector: utilice su inteligencia y su sentido común, acuda a fuentes primarias y tómese con enorme escepticismo las consignas mediáticas de quienes utilizan el miedo y la mentira para someternos a su yugo.

 

Fernando del Pino Calvo-Sotelo

www.fpcs.es

 

[1] Llevado a juicio en el Reino Unido el documental de Gore por contener falsedades científicas, un alto tribunal británico detectó al menos 9 errores científicos y obligó a explicarlos para evitar el adoctrinamiento de los niños en las escuelas, tildando del documental de “película política” (Al Gore’s Nine Inconvenient Untruths, The Telegraph, 11 Oct 2007)
[2] IPCC Fifth Assessment, Working Group 1, Chapter 2.6, p.214-220. Ver anexo.
[3] Daniel Nepstad, fundador del Earth Innovation Institute, ha trabajado en la Amazonia brasileña durante 30 años y publicado más de 160 investigaciones y libros, autor principal en el IPCC, Quinto Informe (WG2, Chapter 4). Preguntado si la Amazonia eran los pulmones del mundo, contestó: “Eso es una estupidez no respaldada por la ciencia. La Amazonia produce mucho oxígeno, pero utiliza la misma cantidad de oxígeno, así que una cosa compensa la otra” (http://environmentalprogress.org/big-news/2019/8/29/an-interview-with-founder-of-earth-innovation-dan-nepstad)
[4] Nature núm. 560, p. 639–643, Aug 8th 2018 (https://www.nature.com/articles/s41586-018-0411-9/)
[5] Informe sobre El Estado de los Bosques del Mundo, Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, FAO, 2018, p. 66 (http://www.fao.org/3/I9535ES/i9535es.pdf)

 

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