Dejen en paz a los niños

Publicado en Expansión

Toda sociedad civilizada debe proteger a sus hijos. ¿Estamos nosotros cumpliendo con este deber? Porque las excentricidades impuestas a los niños durante esta epidemia bordean el maltrato y probablemente sean recordadas con bochorno cuando todo esto pase. En efecto, debemos preguntarnos con franqueza si no estarán pagando los niños el miedo y la histeria de los mayores tras un curso escolar con mascarillas durante ocho horas, grupos burbuja y limitaciones de contacto físico que producen evidentes efectos perniciosos para su salud física y mental sin beneficios epidemiológicos dignos de mención. Algunos incluso eran obligados a realizar deporte con mascarilla, y cualquier transgresión era duramente castigada. Peor aún, se les ha imbuido la culpa de poder contagiar a sus abuelos, y la mera idea de poder “matar” a un ser querido ha resultado traumatizante. Urge recuperar la cordura, porque las consecuencias están siendo graves, como advertía la Asociación Española de Pediatría: “Se han duplicado los casos de urgencias psiquiátricas infantiles, los trastornos de conducta alimentaria, los casos de ansiedad, trastornos obsesivo-compulsivos, depresión y las autolesiones e intentos de suicidio en adolescentes”[1].

Para más inri, desde el punto de vista epidemiológico las medidas en los colegios nunca estuvieron sostenidas por la ciencia. En primer lugar, para los niños el Covid “es menos peligroso que la gripe”, según se desprende de los datos y corroboran los mejores especialistas del mundo (Fuente: Dr. Kulldorff, Prof. Medicina, Harvard University, et al., gbdeclaration.org 4 octubre 2020)[2]. Adicionalmente, “cuando los niños se infectan, la mayoría son asintomáticos, y mientras que la transmisión de adulto a adulto y de adulto a niño es común, la transmisión de niño a adulto no lo es” (Fuente: Dr. Bhattacharya, Prof. Medicina Stanford University et al, WSJ 3 septiembre 2020)[3]. En efecto, desde el principio de la epidemia se sabía que “los niños no son responsables de la mayor parte de la transmisión” (Fuente: S. Mallapaty, Nature 7 mayo 2020)[4], por lo que las propias autoridades sanitarias europeas del ECDC reiteraban hace ya un año que “la transmisión de niño a niño en las escuelas es infrecuente”[5]. En Suecia, donde no cerraron los colegios ni hubo medida coercitiva alguna, “no ha habido ni una sola muerte en una población escolar de casi dos millones de niños”[6], ni tampoco los maestros han tenido un riesgo relativo superior a la población (Fuente: Dr. Ludvigsson, Epidemiólogo del Karolinska Institutet de Estocolmo, et al., NEJM 18 febrero 2021)[7].

A pesar de ello, las autoridades mantienen para este curso normas-paripé sumamente cuestionables desde el punto de vista de la salud pública y que afectan a pequeños que no pueden defenderse ni protestar. Pongamos el ejemplo de la Comunidad de Madrid, cuyos responsables conocen estos datos y sin embargo priorizan, como todos, la política de apariencias frente a la evidencia científica. En Madrid ha muerto por/con covid el 0,36% de la población, por lo que de las tablas de letalidad IFR se deduce que probablemente haya pasado la enfermedad más del 50% de los madrileños, que han obtenido así una inmunización natural mucho más duradera y robusta que la propiciada por la vacuna (ver “Superstición y ciencia en el covid”, fpcs.es)[8]. Por si esto fuera poco, el 80% de la población diana ha sido vacunada con pauta completa, así que ¿a qué esperan las autoridades para devolver la normalidad a los colegios? Si para los niños el covid es menos grave que la gripe, si la probabilidad de transmisión a los adultos es remota y si el riesgo para los profesores (la mayoría, de población no de riesgo y ahora vacunados) es bajísimo, ¿se puede saber qué están haciendo? ¿Quién se hace responsable de los trastornos emocionales y mentales denunciados por los pediatras? La ciencia apoya, sin duda alguna, que los colegios funcionen con absoluta normalidad, sin mascarillas ni parafernalias, y lo contrario sólo puede catalogarse como medidas políticas que sacrifican el bienestar de los niños (que no votan) para tranquilizar a los mayores (que sí votan) y que los políticos se cubran las espaldas.

Y si estas intervenciones no farmacéuticas carecen de base científica, ¿qué ocurre con el programa de vacunación para estas edades? Hace unas semanas los expertos del Comité Conjunto de Vacunación e Inmunización del Gobierno del Reino Unido se pronunciaron con contundencia sobre esta cuestión: “No aconsejamos actualmente la vacunación universal rutinaria de niños y jóvenes menores de 18 años. Los beneficios para la salud en esta población son pequeños, y los beneficios para la población en general son muy dudosos. En este momento, los beneficios para niños y jóvenes menores de 18 años no superan los riesgos potenciales” (Fuente: JCVI, 19 Julio 2021)[9]. Esta nítida declaración, tras la cual el JCVI recibió enormes presiones políticas para utilizar posteriormente todo tipo de alambicadas perífrasis, pone de manifiesto que los riesgos de las vacunas covid, convertidos en tabú y sistemáticamente silenciados, no compensan sus beneficios para segmentos de la población para los que el covid es claramente una enfermedad leve. Así como el análisis coste-beneficio aconseja la vacunación para la población de riesgo (por edad o comorbilidades), los datos no apoyan la vacunación de niños y jóvenes sanos ni de quienes han pasado el covid. Éstas son las conclusiones a las que también llegan el Dr. Ladapo, profesor de Medicina en la Universidad de California (UCLA), y el Dr. Risch, profesor de Epidemiología en la Universidad de Yale, en un artículo conjunto publicado en el Wall Street Journal hace dos meses: “Algunos científicos han expresado su preocupación por la subestimación de los riesgos de seguridad de las vacunas Covid-19, pero la política, por ahora, ha relegado sus preocupaciones. Sin embargo, la gran agrupación de ciertos efectos adversos inmediatamente después de vacunarse es preocupante, y el silencio en torno a ellos refleja hasta qué punto la política rodea a las vacunas Covid-19. Estigmatizar tales preocupaciones es malo para la integridad científica y podría perjudicar a los pacientes. Cuatro efectos adversos graves sobresalen: disminución de las plaquetas (trombocitopenia); miocarditis no infecciosa o inflamación del corazón, especialmente para los menores de 30 años; trombosis venosa profunda; y muerte. Investigaciones anteriores han demostrado que sólo se comunica una parte de los efectos adversos, por lo que el número real de casos es casi seguro mayor. Esto implica que los riesgos de la vacuna Covid-19 pueden superar los beneficios para ciertas poblaciones de bajo riesgo, como los niños, los adultos jóvenes y las personas que se han recuperado de Covid-19 (…). Y, aunque nunca se sabría al escuchar a los funcionarios de salud pública, ni un solo estudio ha demostrado que los pacientes con una infección previa se beneficien de la vacunación contra el Covid-19” (Fuente: WSJ 22 de junio de 2021)[10].

Si la lógica científica no avala las restricciones covid en los colegios ni la vacunación indiscriminada de la población infantil y juvenil, estas medidas éticamente cuestionables sólo pueden provenir de una contumacia burocrática fruto de la histeria colectiva, en el mejor de los casos, o de claros intereses comerciales y oscuros intereses políticos, en el peor. Estamos ante un escándalo que debe acabar ya, pero los políticos se niegan. Pregúntense por qué.

 

Fernando del Pino Calvo-Sotelo

www.fpcs.es

 

[1] Microsoft Word – 20210602 NdP salud mental COVID-19.docx (aeped.es)

[2] La declaración de Great Barrington – Great Barrington Declaration (gbdeclaration.org)

[3] The Case Against Covid Tests for the Young and Healthy – WSJ

[4] How do children spread the coronavirus? The science still isn’t clear (nature.com)

[5] COVID-19 and schools transmission (europa.eu)

[6] The Case Against Covid Tests for the Young and Healthy – WSJ

[7] Open Schools, Covid-19, and Child and Teacher Morbidity in Sweden | NEJM

[8] Superstición y ciencia en el covid | Fernando del Pino Calvo-Sotelo (fpcs.es)

[9] JCVI statement on COVID-19 vaccination of children and young people aged 12 to 17 years: 15 July 2021 – GOV.UK (www.gov.uk)

[10] Are Covid Vaccines Riskier Than Advertised? – WSJ

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