Cómo otros están saliendo ya de la crisis

Como cantara John Lennon, imaginen un país que haya sufrido en el 2008 y el 2009 una crisis tan severa o más que la nuestra pero que, gracias a poner en marcha una serie de reformas, haya crecido un 5,5% en el 2011 y vaya a crecer un 3,5% en el 2012. Imaginen, además, que dicho país haya logrado este éxito precisamente por hacer caso omiso de las recomendaciones de los economistas keynesianos de turno, encabezados por un tal Krugman. Imaginen que mientras conseguían lo imposible, prácticamente solos, el establishment tildara su experimento de “locura neoliberal”. Imaginen, por último, que este país eligiera voluntariamente el camino aparentemente más difícil, es decir, el de no devaluar su moneda.

Este país es Letonia, una de las tres pequeñas repúblicas bálticas aplastadas durante décadas bajo la pesada bota del paraíso socialista soviético. Mucho de cuanto voy a contar podría referirse también a Estonia, pero el caso letón está particularmente bien documentado en un librito titulado How Latvia Came Through The Financial Crisis, escrito por un economista sueco experto en economías postcomunistas y por el propio Primer Ministro de Letonia. Desgraciadamente ninguno de nuestros preparados políticos lo habrá leído, entre otras razones porque está en inglés y, ya saben, “it’s very difficult, todo esto”.

Durante los años del boom, Letonia se ve aupada por una burbuja de colosales proporciones. Los precios inmobiliarios se multiplican por tres en cinco años y una gran euforia se desata en la sociedad letona. El Gobierno, en vez de operar con superávits, aumenta el nivel de gasto en la misma proporción en que se incrementa la recaudación (¿les suena?). Cuando llega el otoño del 2008, el país sufre con especial crudeza la crisis financiera. Un pánico bancario afecta a Parex Bank, con un 20% de los activos del sistema financiero, que en tres meses pierde la cuarta parte de sus depósitos y debe ser intervenido por el Estado, el cual compra el 51% del capital a sus dueños por dos lats (tres euros). El eurobono letón a diez años alcanza el 12% de rentabilidad. En este momento, se forma un nuevo Gobierno que decide afrontar la realidad con determinación. Va a comenzar uno de los mayores experimentos de devaluación interna: la Revolución de la Austeridad.

En un plazo de un año, las agencias gubernamentales pasan de 76 a 25; el número de funcionarios se reduce en un 30%, y se fija el objetivo de que su número no exceda del 8% de la población activa (en España es más del doble). El salario medio del funcionario se recorta sustancialmente para equipararse al del sector privado, que se reduce en un 10%. El 12% de las escuelas cierran y se establece un sistema que incentiva la eficiencia y la calidad en vez de el volumen de recursos empleados. La única partida de gasto que no sufre recortes son las pensiones, que el Tribunal Constitucional letón ordena mantener intactas. Se reducen sustancialmente las trabas y trámites regulatorios facilitando así a las empresas su labor como creadores de riqueza. Como consecuencia, Letonia escala hasta el número 24 en el ranking del World Bank Doing Business Index, el índice que mide la facilidad para hacer negocios en cada país (España ocupa el puesto 44, justo por debajo del Perú). Por último, ni el Gobierno ni la banca intentan impedir el ajuste de precios inmobiliarios y éstos caen un 70%, corrigiendo de forma natural, rápida y necesaria los excesos anteriores para poder recomenzar así sobre terreno firme.

Letonia tenía entonces un sistema fiscal basado en tipos impositivos proporcionales, que se quieren mantener: las rentas del trabajo se gravaban a un tipo único del 23%, los dividendos, al 10%, el IVA al 18%, el Impuesto de Sociedades al 15% y un Impuesto de Seguridad Social del 33%. El aumento de impuestos afectó fundamentalmente al IVA y al IRPF, que pasó del 23% al 26%, y comenzaron a gravarse las plusvalías al 15%, hasta entonces exentas (sí, exentas).Tomen nota, por favor, de los tipos impositivos que se pagan en otros países. En Letonia tampoco hay Impuesto de Sucesiones, ni, naturalmente, Impuesto sobre el Patrimonio, extinguido en todo el mundo desarrollado salvo en la menguante Francia y en nuestro país, siempre el perrito faldero de su vecino en estos temas.

En total, el 75% del peso del ajuste fiscal del primer año de Gobierno letón recayó en la reducción del gasto público.  Por el contrario, nuestro actual Gobierno, lastrado por tanto plomo socialista en sus azules alas, ha basado el ajuste en exprimir aún más a los contribuyentes más explotados de la UE (¡que ya es decir!) y no en reducir el mastodóntico tamaño del Estado y el ingobernable y quebrado sistema autonómico. El Gobierno letón redujo en su primer año el gasto público un 7% de su PIB, lo que en España equivaldría a 70.000 millones de euros. Vendiéndolo como un alarde de audacia, el Gobierno español se despacha en su primer año con una mini reducción de gasto del 0,7% del PIB, la décima parte, promesa que probablemente incumpla, como tantas otras.

¿Cuál ha sido en Letonia el resultado de una política de austeridad basada fundamentalmente en el adelgazamiento del Estado y la eliminación del despilfarro en vez de en el aumento de impuestos? El PIB, que se contrajo un 18% en el 2009 como consecuencia de la reducción del gasto, se estabilizó en el 2010 y ha crecido en 2011 y 2012 un 5,5% y un 3,5%, respectivamente. Mientras, en España estamos en estado de recesión crónica. Pero ya sabemos lo cuestionable que es el PIB. Una medida más clara es el desempleo. El paro letón subió de un mínimo del 6% en plena burbuja a un máximo del 21% a comienzos del 2010; comenzó entonces a disminuir y hoy en día es del 13,5%, y bajando. En España, por contra, es del 26%, y subiendo. Letonia comenzó la crisis con sólo un 9% de deuda sobre PIB y alcanzó un máximo del 44%, y ya está descendiendo. En España este ratio de deuda es el doble, pues continúa desbocada. Para el Gobierno letón austeridad supone reducir drásticamente el gasto público y desregular, y eso ha funcionado; para nuestro Gobierno, austeridad significa subir los impuestos y  mantener intactos los privilegios de la clase política, y eso, además de ser injusto, no va a funcionar.

Este verano el Banco Central Europeo cometió la torpeza de anunciar un programa de compra de bonos destinado a reducir la prima de riesgo que pagamos los países periféricos, eliminando de un plumazo la motivación para reformar el sector público. Dicho anuncio fue suficiente para lograr una tregua en los mercados que no ha hecho más que desincentivar a nuestro Gobierno, de por sí poco sobrado de ímpetu reformador, para acometer la radical reducción del tamaño del Estado que España necesita para salir de ésta.

Después de la lamentable gestión del anterior Gobierno, la falta de voluntad del actual para reducir el gasto público resulta injustificable e imperdonable. Con sus mini reformitas no vamos a ninguna parte. Las repúblicas bálticas, por el contrario, han mostrado un camino duro, pero realista, sólido y exitoso. O lo seguimos o suspenderemos pagos, así de simple.

Fernando del Pino Calvo-Sotelo

www.fpcs.es

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